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sábado, 27 de junio de 2009

Decisiones

Hace ya tiempo, me planteé el irme un año de Erasmus a cualquier país europeo para vivir esa experiencia que, según contaban todos, merecía tanto la pena. Me apetecía algo así, pero sabía que un año en el extranjero influiría negativamente en mis notas y peor aún, prolongaría un año más mi carrera. Ese objetivo de conseguir la nota media suficiente para poder obtener algún día un doctorado, o para facilitarme una oposición, marcaba gran parte de mis decisiones estudiantiles y por tanto, al final, deseché la idea y terminé la carrera donde la había empezado 5 años atrás.

De esa decisión me arrepiento cada día. Poco después me di cuenta que no necesitaba esa nota media que había logrado, que muchos que se habían ido la habían obtenido y que un año más estudiando no habría supuesto ningún problema, es más, esa experiencia me habría marcado para siempre.

Tambíen hace ya tiempo tuve que decidir entre prolongar una relación estable, o dejarla por alguien nuevo que había conocido. Alguien que me había descubierto un nuevo mundo, que me había abierto los ojos y que me había ayudado a comprender lo que era en realidad. Al final lo hice, esa persona por la que dejé lo que tenía es hoy mi exnovio, pero he de decir que jamás me he arrepentido de aquella decisión.

En otra ocasión tuve que decidir si prolongar hasta el máximo posible la que probablemente fue una de las experiencias de mi vida, o dejarla en lo económicamente viable para además volver y empezar un nuevo trabajo cargado de ilusiones y ganas. Decidí no arriesgar y volver. Pero justo al llegar, el trabajo se retrasó y comprendí que podía haberme quedado más tiempo donde estaba, aunque hubiese supuesto más dinero. Habría merecido la pena.

Hace bien poco tiempo, he decidido invertir una gran cantidad de dinero en continuar con una formación que teoricamente debe conducirme por el camino de lo que quiero hacer... Veremos si algún día me arrepiento, o no.

Y todo esto viene a que hoy no soy yo quien tiene que decidir, es otra persona, pero a la que le sucede lo mismo que a mí en tantas ocasiones, tiene dudas. Porque las decisiones que tomamos se basan en suposiciones, pero marcan nuestra vida de una forma u otra. Algunas decisiones no suponen un problema, no son importantes, probablemente no influyan en lo que venga después, pero otras pueden cambiarnos la vida. Otras son clave. Y aunque las tomemos pensando que son lo mejor para nosotros puede suceder que nos equivoquemos, que nos acabemos arrepintiendo... o lo contrario, que nos sintamos orgullosos de nosotros mismos y de lo que fuimos capaces de hacer. En cualquier caso nuestra vida continuará, y da igual que pensemos lo que podría haber sido porque simplemente nunca lo será. La vida es eso, decisiones.

Decidamos pues. El tiempo nos dará la razón o nos la quitará... pero igualmente habremos vivido.

martes, 2 de junio de 2009

Just waiting

Un día no hace demasiado tiempo, al leer mi horóscopo (sí qué pasa, a veces lo leo) me enteraba de que la primavera no era mi mejor época. Pues que bien, pensé, eso es algo que yo ya sabía desde hace mucho. ¿Por qué os creeís que cada primavera dejo mi blog de turno y lo recomienzo en septiembre? (excusa barata, lo sé).

Resulta que por no se que rollos de mi signo, en primavera es cuando mas perdido y desorientado me encuentro... Deben ser los influjos lunares, la posición de Venus o que Júpiter y Marte no entran conjunción hasta pasado el solsticio de verano pero que queréis que os diga, estoy hasta la polla de esta estación.

En este momento de mi vida (ultimamente no paro de utilizar esta frase), hay 3 cosas que necesito que cambien, y lamentablemente ninguna lo hace. La buena noticia es que todas cambiarán, es sólo cuestión de tiempo, pero eso es justo lo que más me desespera, el saber que es cuestión de tiempo y que sólo me tengo que limitar a esperar... Porque esperar me cansa, no soy alguien hecho para las esperas, no me gusta que las cosas lleguen por sí solas, me gusta ir a buscarlas, me gusta planearlas y hacer por que esos planes se lleven a cabo. Sin embargo ya os digo, ahora mismo no hay opción. Creo que hasta que al menos uno de esos cambios no llegue no encontraré la motivación suficiente como para volver a ser el yo de siempre. El yo que se levanta y se acuesta pensando en qué puede hacer para mejorar su vida. El yo que aprovecha el tiempo en lugar de matarlo. En definitiva, el yo del resto de estaciones.

Pero bueno, al menos estoy escribiendo aquí, no? ¿será esto una señal de que algo empieza a cambiar? ¿Irá seguido este post de algún otro o la sequía se prolongará como cada año hasta el otoño? Lamentablemente, para saberlo, tanto vosotros como yo, tendremos que esperar.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Consejos

Conversando hace ya mucho tiempo con una de mis jefas, y en un alarde de madurez de esos que les da a la gente mayor que tú que te ve perdido o desorientado, escuché una de las frases que creo que no olvidaré nunca.

La decisión más importante que vas a tomar en tu vida, no es tu trabajo o lo que hagas con tu vida, es la persona con la que decidas pasarla.

En aquel momento yo me reí al pensar en lo cómico de la situación: mi jefa me hablaba con total seriedad sobre relaciones de pareja encaramada a una escalera mientras colocaba un pedido y yo desde abajo le iba pasando cajas... Sin embargo, aquellas sabias palabras se quedaron en mi mente y poco después me hicieron pensar en lo irónico que era que justo esa misma semana, yo ya estuviese encaminando mi futuro profesional y sentimental sin que ella conociese ninguno de ambos detalles.

Hoy he recordado este momento, supongo que por lo que me cuenta alguien que para variar está lejos y que cada vez está más segura de con quién quiere compartir su vida. Yo... yo nunca he estado seguro de eso... Para mí las relaciones no eran decisiones a tomar, venían y se iban y sólo en el ámbito profesional aparecían las oportunidades que requerían una valoración. Pero puede que me esté dando cuenta de que es hora de tomar decisiones. De que algún día seré yo el que esté subido a esa escalera y tendré que tener un buen consejo listo para dárselo a algún alma inexperta y perdida. Puede que le diga: las relaciones apestan, olvídate de la felicidad en pareja que no existe, o que suelte un: al final todo llega y donde menos te lo esperas encuentras a la persona perfecta. O puede que incluso opte por repetir ese consejo que a mí me dieron... Eso el tiempo lo dirá...





Última escena de Delitos y faltas de Woody Allen (Crimes and Misdemeanors, 1989)

domingo, 8 de febrero de 2009

La generación sin armario

Hace ya tiempo un amigo me preguntó que qué hacía yo para cambiar el mundo. Fácil, le respondí. Yo lucho por la igualdad de aquellos que como yo, aman a gente de su mismo sexo. ¿Y cómo lo haces? me contestó incrédulo. Simplemente viviendo tal y como soy, le dije.

Y es que aunque a veces nos parezca que no, eso que algunos llaman el activismo de hecho, es decir el luchar por nuestros derechos simplemente no escondiéndonos, es la forma más sencilla pero también más eficaz que existe de lucha. Está claro que la visibilidad abre las mentes y cada vez que alguno de nosotros dice: he quedado con mi novio, ayer conocí a un chico o he salido del armario en el trabajo, está haciendo mucho más que si cada año acude al desfile del orgullo en sagrada procesión, está formando los cimientos de esa nueva sociedad que entre todos creamos. Esa sociedad en la que con suerte la gente no será discriminada por su raza, sexo, u orientación sexual. Esa que todos anhelamos y que por mucho que aparezca en la Constitución, tantas y tantas veces no se corresponde con la realidad.

Y todo esto viene a que hoy aparecía en primera plana del País Semanal éste artículo titulado "La generación sin armario", que habla de cómo esta última generación, la nuestra, puede y de hecho ejerce su derecho a vivir en total libertad amando a quien quiera amar.

Puede que hoy peque de optimista, aunque creo que se compensa por todas esas veces que peco de lo contrario, pero no deja de sorprenderme cómo las nuevas generacions van asumiendo con cada vez mayor normalidad la homosexualidad. Cómo los personajes gays en las series se multiplican, los referentes están por doquier y el hablar del tema ha pasado del tabú a la más absoluta normalidad. Un chico me decía el otro día que en su insituto hay no se cuántos gays y lesbianas fuera del armario y yo no puedo evitar compararlo con mi colegio... donde lo más gay que teníamos era el rosa del salón de actos.

De igual forma me quedé atónito cuando una alemana se sorprendió porque mis padres no supieran que era gay: pensé que en España eso era muy normal, me dijo. Lo mismo que cuando escucho los comentarios de americanos que me dicen: tendré que ir a España a casarme porque aquí la cosa está difícil. Porque por mucho complejo que tengamos los españoles, parece que vamos de los primeros en algo, y afortunadamente ese algo esta vez es progreso.

Por eso hoy no quiero hablar de obispos, familias tradicionales, armarios o estereotipos. Hoy simplemente quería deciros que soy un chico con ganas de enamorarse. De enamorarse de otro chico por supuesto.

viernes, 6 de febrero de 2009

Dos puntos de vista

Juan y Nacho eran absolutamente opuestos a la hora de enfocar las nuevas relaciones. Mientras que Juan pensaba las cosas una y otra vez, sopesaba cada pro y cada contra, Nacho se lanzaba en cuanto podía a la piscina, sin importarle lo más mínimo si esta estaba llena o vacía, o si lo que había dentro era agua o ácido sulfúrico.

Ambos eran amigos desde hacía tiempo y no era la primera vez que hablaban de un tema en el que jamás se ponían de acuerdo. Juan recriminaba a Nacho el ser tan loco, el no racionalizar las cosas, dejándose llevar siempre por las emociones sin una pizca de sentido común que le ayudara a discernir en el momento de tomar una decisión. Nacho por su parte recriminaba a Juan el ser tan cerebral, tan sumamente frío e incapaz de dejarse llevar por los sentimientos sin anteponer siempre una supuesta cordura. Cordura que en opinión de Nacho no hacía si no impedirle disfrutar del momento y enmascarar su enorme miedo e inseguridad personal.

Sin embargo, ni Nacho ni Juan eran inmunes a los desastres del amor, por muy diferentes que fueran sus enfoques. Nacho solía ir de desilusión en desilusión, sufriendo por amores no correspondidos, por heridas incurables y por culebrones que él mismo se buscaba. Juan por su parte vivía eternamente arrepentido por cosas que no había hecho, por momentos perdidos que no volverían y con la eterna duda del : ...y si hubiera... Pero por supuesto, en lo más profundo de su ser, Juan envidiaba la espontaneidad de Nacho. Y Nacho el raciocinio de Juan.

Un día, en una de sus típicas conversaciones comenzadas con un: te conozco muy bien y..., llegaron a la conclusión de que algo tenían que cambiar en sus vidas. De que necesitaban encontrar ese término medio que les proporcionase la estabilidad y la felicidad buscadas.

- Tenemos que ayudarnos a encontrar ese equilibrio- Dijo Juan
- Ya... ¿pero cómo lo hacemos?
- No se... ¿se te ocurre algo?
- Sí...
- ¿El qué?
- Si tu no fueras hetero podríamos liarnos y nos compenetraríamos perfectamente...
- Joder Nacho, ¡siempre estas igual!

Y ambos estallaron en risas, conscientes de que encontrasen o no la solución, juntos los problemas que viniesen siempre serían un poco más soportables.

sábado, 3 de enero de 2009

Lo prometido es deuda

- Cógela rápido que no tengo para todos.

Me dijo mientras me entregaba una carta escrita de su puño y letra. Hacía mucho tiempo que no me daba una carta, supongo que por la facilidad que supone ahora escribir un email. Yo intenté leer algo de lo que decía pero enseguida me gritó: ahora no! Así que la guardé rápidamente en el abrigo y la olvidé por el resto de la noche. Interpreté aquella carta como el resultado del buen estado de nuestra relación. Cuando las cosas nos van bien, siempre hace estas cosas, pensé. Y sonreí para mí contento de que fueran tan bien.

Esta mañana al despertarme recordé la carta. Aún no la había leído. Su contenido era el que esperaba, nuestra relación marchaba estupendamente y me decía lo mismo que pienso yo cada día. Ayer le había dicho: mañana tendrás un post en mi blog. Así que me senté en el ordenador dispuesto a agradecerle su comportamiento de la noche anterior, su apoyo, sus palabras y su carta. Sin embargo me dí cuenta de algo tan pronto como empecé a escribir. Me había equivocado de interpretación. La carta no era la expresión de una relación en perfecto estado de salud, no era un agradecimiento, ni una reflexión de fin de año, ni una declaración de intenciones. La carta era él.

Por eso a la hora de escribir el post me vi en la difícil situación de expresarle lo que había descubierto. De no decirle simplemente que también me sentía afortunado, que estaba orgulloso de él, o que sin duda tendríamos tiempo de sobra para hacer ese viaje. Me vi incapaz de plasmar mis sentimientos. No había forma posible de hacerle saber que con carta o sin ella, una vez me había hecho el mayor regalo que se le puede entregar a alguien. Un regalo sincero, verdadero, altruista e imperecedero. Algo que jamás olvidaría y que me hacía sentir especial, único, feliz y completo. ¿Cuál era ese regalo? Amistad. ¿Quién era él? Mi Amigo.

domingo, 28 de diciembre de 2008

2008, un año completito.

Llevaba días pensando en una forma de escribir el balance de este año sin dar con ninguna idea medianamente original. Afortunadamente una de las personas importantes en este año me la dió ayer inconscientemente al escribirme un mail con su balance del 2008. Una idea simple pero perfecta para lo que quería decir, tan simple y tan perfecta como esto:

Mejor cosa del año: definitivamente los blogs. Me han hecho pasar buenos ratos, reirme como nunca y sobretodo conocer personas increíbles que me han marcado de diferentes maneras y que ahora forman parte de mi vida diaria.

Peor cosa del año: supongo que mi portátil que decidió joderse en el momento menos indicado y aún no ha vuelto a ser el mismo.

Mejor persona del año: puff, imposible que sea una sola... Dejando de lado a las que son importantes siempre, y lo seguirán siendo por méritos propios, en el 2008 he ampliado enormemente mi lista de buenos amigos que me han aportado no solo momentos geniales sino reflexiones, ideas, apoyo y nuevas formas de ver y entender el mundo. Todos ellos saben lo que significan para mí y no hay necesidad de nombrarlos uno a uno, aunque me veo en la obligación de decir que Cris, Adri, Jay y Oscar fueron las sorpresas del año. Mejores amigos revelación podríamos decir... Y tan importantes como los anteriores fueron las dos personas que significaron tanto para mí en su momento y cuya amistad he podido recuperar con no poco esfuerzo. Por que esto dure...

Peor persona del año: esto por desgracia ha sido fácil, y aunque no diré su nombre es simplemente la persona que consiguió borrar de un plumazo todo rastro de mi autoestima. Un ataque directo contra la confianza que depositaba en los demás y en mí mismo, que me dejó perdido, desorientado y sin saber cómo empezar de nuevo.

Mejor momento: igual de difícil que el de mejor persona, han sido muchos y muy variados: una tarde en el cine en la que disfruté como nunca, una fiesta de despedida y precumpleaños, besos de esos que te erizan la piel, varias llamadas telefónicas, la satisfacción de haber cerrado una etapa y la ilusión de un viaje, sólo por decir algunas.

Peor momento: una noche en la que no conseguí dormir ni un sólo minuto, y eso que acababa de constatar que contaba con la mejor persona posible a mi lado.

Mejor experiencia: sin duda alguna los dos meses viviendo en la otra punta del mundo rodeado de gente de todas partes, conociendo culturas, tradiciones, comidas, personas y aprendiendo y aprendiendo. Algo que me abrió los ojos y la mente de forma definitiva.

Peor experiencia: el denominado finde negro, cargado de trabajo, lluvia, impotencia, y que acabó inevitablemente en catástrofe.

Lección positiva: que de todo se sale, y más importante aún, que de todo se aprende.

Lección negativa: que las relaciones sentimentales producen también mucho dolor, a uno mismo y a los demás, y que a veces cuando se pierde el control de todo, ese dolor se vuelve insoportable.

Y como no quiero acabar con algo negativo, añadiré una categoría más:

Mejor blog del año: El de Paper (detrás del mío por supuesto). Que a pesar de que el cabrón de su autor no se haya dignado aún a comentar aquí, se merece de sobra esta nominación (que no premio porque no tengo intención de regalar nada). Él sabrá por qué...

Y ya para acabar, deciros que tengo una amiga que ha descubierto por qué el 2009 será un año estupendo: si escribimos 2009 con los símbolos correspondientes a cada tecla se ve: "==) mientras que si escribimos 2008 obtenemos: "==(
Mi amiga claro está, ha sido privada de libertad al instante, torturada luego, y ejecutada y enterrada en cal viva después no fuese que se le ocurriera alguna gilipollez más.

Un año completo como véis.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Teorizando

- I think you really love me...
-... of course I love you! this is...this is what is all about... And you love me, I know that... and I don't blame you honey.

Con esta frase le responde Woody Allen a Diane Keaton en el diálogo final del dormilón (The sleeper) y con la misma frase comienzo yo una de mis reflexiones habituales sobre las relaciones, esta vez de modo menos cómico aunque no por ello más serio. Sigo pensando que las películas de Disney que vimos en nuestra infancia nos causaron un daño irreparable al retratarnos el amor como algo maravilloso, que al final siempre triunfa y que mueve montañas. ¿Dónde estaban en esas películas el desamor, las infidelidades o las rupturas más o menos traumáticas? Es más, ¿dónde estaban los rollos de una noche, los follamigos, los "no estoy enamorado" o los "me van a dejar"? Tendemos a simplificar de una manera asombrosa las relaciones de pareja reduciéndolas al enamoramiento, pero sucede que son muchos los casos en los que no se está, o ya no se está enamorado, y más aun los que a pesar de estarlo las cosas no funcionan.

Hoy mismo le decía a un amigo que el amor es condición necesaria pero no suficiente para que una relación funcione. Y es que son tantos los factores que intervienen, que podría pasarme días escribiendo sobre las relaciones, y llenar tantas páginas de palabras como personas antes han intentado teorizar acerca del amor con escaso o nulo éxito. Es decir, que por mucho que intente encontrar causas a los problemas, su conocimiento no implica su solución y su solución no implica que la relación continúe. Porque de lo único que estoy convencido, es de que por más que racionalizemos, en esto de las relaciones nunca hay nada seguro. Podemos romper de la forma que creamos la mejor posible, la más honesta y que no de lugar a reproche alguno y sin embargo no por ello evitamos el dolor. Podemos dar al otro, y darnos a nosotros mismos mil y una razones para cortar, o todo lo contario para continuar en una relación que sabemos que no lleva a ninguna parte, y sin embargo a menudo pasa que las razones no son sólo insuficientes sino que acaban sonando a excusas.

Y es que no deja de parecerme curioso y a la par irónico que unas peronas me cuenten sus relaciones meramente sexuales por un lado y otras sus fracasos sentimentales por otro. Más aún cuando los que hoy me hablan de sexo ayer me hablaban de amor y los que hoy lo hacen de amor ayer lo hacían de sexo. Y aunque se de sobra que sexo y amor son dos cosas bien diferentes, de lo que aquí se trata es de relaciones, y eso incluye desde las más profundas pasiones hasta las más frívolas noches de cama y condón. Porque no os creáis que estas últimas no traen problemas... que va, de los miedos, inseguridades, o rayadas de cabeza no se libra nadie, creédme.

¿Debemos por tanto perder la esperanza y resignarnos a que las cosas nunca saldrán bien? Pues claro que no hombre, que no entendéis nada. Yo lo único que digo es lo mismo que Woody Allen, que de eso es lo que va todo esto hombre. De lo que buscamos, anhelamos, encontramos o perdemos. Del amor.